4,277 horas

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Me gusta esa sensación de estar viendo un episodio, con tanta intensidad que los minutos vuelan y cuando salen los créditos finales maldices al viento que no dure más, es cuando te das cuenta de que se te ha pasado volando, que la historia ha conseguido engancharte de tal manera que ha conseguido meterte de lleno en su propio mundo.

No soy muy fan de “Agents of S.H.I.E.L.D“. La primera temporada me encantó, pero con la introducción de nuevos personajes en la segunda y quizá mi poco conocimiento del universo Marvel, llegué a perderme en la historia y, aunque he seguido viéndola, no le prestaba especial atención, ya que tampoco en los episodios precisaba de prestársela especialmente, basados la gran mayoría en mucha acción, muchos cambios de bando que ya apenas sorprendían y poca historia.

EXPOSÉ!

Y de repente, sin esperarlo, llegó uno de esos capítulos que tanto me gustan y que no entiendo cómo otros tantos odian de igual manera. Los que los odian los llaman “relleno” y ya me ocurrió lo mismo con el magistral “Exposé!” de Perdidos. Entonces, mientras muchos echaban sapos y culebras por la boca con el episodio que ponía fin a la trama de Nikki y Paulo, enfadados porque no tenía nada que ver conla trama principal, para mí se convertía en uno de los mejores de la serie, no ya por los personajes de Nikki y Paulo, que apenas tenían sentido, sino porque en aquel episodio se hizo un recorrido por gran parte de la trama desde otro punto de vista y el final fue brillante.

Acostumbrado a no prestar atención a “Agents of S.H.I.E.L.D“, el episodio “4,277 horas” se adentraba en uno de los mayores misterios que ha estado presente en la serie, en la naturaleza del monolito. De nuevo, como otros tantos grandes episodios de la historia de las series, este contaba qué estaba sucediendo en otro lugar mientras nosotros mirábamos hacia otro lado. Soy fan de los flashback, los flash sideways y todos los flash-términos que inventó Lost. Eso unido a que me encanta la ciencia ficción y todo lo que tenga que ver con otros planetas (especialmente si el planeta es Marte), hicieron que este episodios ya se haya encumbrado él solito al top de los mejores episodios que he visto nunca, justo al ladito de “Bang!” de Mujeres Desesperadas.

ROMEO Y JULIETA

El episodio por sí solo puede entenderse a la perfección, pero por supuesto es mejor haber visto el motivo por el que Jemma llega hasta el planeta inhóspito para poder disfrutarlo al máximo. Sola de nuevo, apartada de Fitz, que como él mismo bien dice posteriormente, están destinados a estar separados de por vida, como los nuevos Romeo y Julieta del siglo XXI. Muchos misterios detrás del monolito, del que por fin descubrimos es un portal hacia otro mundo.

Los primeros centenares de horas van pasando para Simmons, intentando sobrevivir en un planeta al que debe adaptarse a la fuerza si quiere seguir con vida. Más misterios siguen saliendo a la luz cuando Jemma se encuentra allí con un hombre víctima de una misión espacial de hace años, de la que no daré aquí más detalles para no estropear las sorpresas, ya que con el transcurso de los episodios se explica en mayor profundidad su orígen. Aparte, la eterna presencia de un extraño ente en forma de vendaval de arena y que Jemma identifica con harapos negros como símbolo de la muerte, no deja de acecharles para cosechar sus vidas.

4,277 HORAS

El episodio en sí es de una sencillez tremenda, pero con los condimentos perfectos para crear una atmósfera de misterio que deja enganchado sin remedio. Ni siquiera el saber cómo terminan esas 4,277 horas permite bajar la guardia, ya que una de las preguntas que la mente necesita satisfacer es “sé lo que ocurre con Jemma, pero ¿qué ocurre con Will?“. Visualizando el episodio pensé en muchos finales para él, pero por suerte no acerté con mis predicciones, nada podría haberme sentado peor que haberlo hecho.

Admirable la cantidad de referencias que arroja este episodio, tanto dentro de la propia serie como fuera de ella, hacia series y películas de su género como 2001: Odisea en el espacio. Seguramente no vuelva a repetirse uno igual, a pesar de ser uno de los más y mejor valorados de toda la serie hasta el momento, pero habrá que conformarse con esta parte de la trama que en los siguientes episodios aún colea, con menor intensidad, pero manteniéndolo vivo. De hecho desearía que “Agents of S.H.I.E.L.D” continuara explorando ese camino en lugar de dedicarse a otros aspectos, pero pensándolo bien, quizá entonces este episodio hubiera sido uno más. Y no, no es simplemente uno más. Mejor así.