Como cuando nos ponemos a ver un partido de nuestra selección española por la tele y empieza a sonar el himno nacional con las banderas ondeando y todo el país en silencio, a pesar del paso de los años y las temporadas, el opening de Juego de Tronos se ha convertido en un himno y algo más, en un momento sagrado que ningún fan de la serie puede saltarse sin que el capítulo esté completo.

La primera vez que lo vimos ya nos dejó tan impactados que seguro muchos de vosotros, como yo, le disteis atrás al reproductor para volver a verlo de nuevo e incluso corrísteis a diversas páginas de vídeos buscándolo. Doy por seguro que ningún fan que se precie comenzará a ver el episodio de turno sin tararear antes la melodía que lo precede.

Prácticamente en cada episodio, dependiendo de las localizaciones que se visiten durante el mismo, el opening siempre está cambiando, mostrando un mapa gigante que cobra vida y que se va expandiendo con cada temporada que pasa, simulando estos libros infantiles que todos hemos disfrutado, de los que levantas la página y de repente ante tus ojos se construye un lugar en tres dimensiones que te deja con la boca abierta. Ahora esa misma sensación que teníamos de pequeños, se reproduce con el opening de Juego de Tronos, un opening que será inmortal, uno de los mejores de toda la historia de las series y toda una lección para aquellas cadenas que los simplifican, creyendo que alargando las cabeceras perderán audiencia. Señores, si para los que verdaderamente apreciamos las series, los opening son algo que nunca debe faltar, qué equivocados que estais.

Os dejo con un mini documental en el que sus creadores explican cómo crearon algunas escenas.

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